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Rompiendo el Miedo al Fracaso ~ Parte 3

En artículos anteriores sobre el miedo al fracaso, nos dirigimos a las preguntas de “¿Cómo solucionar el error?” y “¿Voy a ser capaz de recuperarme del error?”. Pero a veces la parte más intimidante es si los demás – especialmente nuestra gente cercana – nos va a ridiculizar y rechazar por habernos equivocado.

 

Esto puede ser en varias formas, con la negatividad (“Es imposible “), la justicia propia (“te lo dije”), el rechazo (exclusión, despido, etc.) o critica absoluta (“¿Cómo puedes ser tan estúpido?!”). Otras veces, es sólo el aspecto de juicio silencioso que puede ser suficiente para disminuir tu autoestima y confianza en ti mismo.

 

O NO. Porque estas reacciones negativas tienen menos que ver contigo que con la persona que lo esta diciendo: se trata del miedo, una vez más. Y cómo decides interpretarlas, en gran medida, depende de ti.

 

Cuando se trata de nuestros seres queridos, es importante reconocer que ellos albergan sus propios temores sobre la vida, sobre nosotros y ellos mismos. Al estar cerca de nosotros, significa que ellos, en cierta manera, están emocionalmente implicados en nuestras decisiones y sus resultados. Por lo tanto, no suelen ser muy objetivos en cómo no responden antes y después de un “error”.

 

Los que realmente quieren que tengamos éxito, se preocupan por nuestro bienestar, y deseando “lo mejor para nosotros”, pueden imponer involuntariamente sus propias creencias, emociones y experiencias sobre nuestra situación.

 

Otros seres queridos, por desgracia, quizás actúen con motivos menos benévolos, como los celos, la envidia, la ira o la miseria. En este caso, su enfoque trata de defender su propia situación e inseguridades, en vez de lo mejor para ti.

 

Pero cualquiera que sea su motivo o enfoque, tienen que tomar la responsabilidad por su respuesta, especialmente si es dañina. Siempre tenemos el derecho a decidir – incluso con nuestras parejas, padres, hijos y amigos – si la forma en que responden a nuestros errores es verdaderamente constructiva, en lugar de destructiva.

 

Pero curiosamente, a menudo nos preocupamos más por las reacciones de las “masas externas”, en lugar de aquellos que realmente nos quieren y conocen. Los jefes, clientes y compañeros de trabajo puedan impactar nuestro bienestar profesional y es comprensible preocuparse por ellos – aunque a veces ellos se equivocan también. Sin embargo, estas situaciones a menudo se pueden solucionar siguiendo los pasos que hemos presentado en los dos últimos artículos.

 

Pero la gente realmente “externa” – vecinos, conocidos, compañeros y el público en general – mientras que de vez en cuando aportan comentarios valiosos, tienden a juzgarnos sin conocernos o conocer la situación suficientemente. ¿Por qué? Debido a que el juicio es un concepto basado en extremos “blanco y negro”. Es una cosa fácil de hacer con información limitada, pero mucho más difícil cuando conocemos las complejidades de una persona o situación. Y para aquellos que luchan con sus propios demonios, les da una pequeña dosis de satisfacción. Pero sólo por el momento, porque sus problemas les seguirán persiguiendo.

 

Entonces, dado que estas personas están reaccionando en base a información limitada, tenemos todo el derecho de evaluar si sus perspectivas son relevantes, útiles o correctas para nosotros. Y la pregunta final es: ¿de qué les sirve criticar a otro – un otro relativamente desconocido – con tanta negatividad? De nuevo, se trata más de ellos que de ti.

 

Así que, ¿cómo lidiar con esto?

 

En primer lugar, reconocer que errar es humano. Aprende de ello y está dispuesto a admitirlo y tomar medidas para corregirlo, si es posible. Pero una vez que hayas hecho tu parte, aquí tienes algunas maneras de hacer frente a las personas que podrían responder a tu error de forma difícil:

 

  • Escucha y comunica con los que realmente te aman y quieren que tengas éxito. Aquellos que ven tu valor y respetan tus propios sueños y forma de ser, no te abandonarán por tu error, si eres honesto al respecto. Eso puede significar disculparte o simplemente hablar sinceramente. Lo que puede ser particularmente útil es pedir sus comentarios para ver si te pueden ayudar de cualquier manera. La gente espera una actitud defensiva y cuando son genuinamente invitados a ayudar, pueden ofrecer perspectivas muy útiles, por no hablar de la compasión. Más tarde, puedes decidir lo que quieres utilizar.
  • Considera cuidadosamente cómo seguir adelante con las personas cercanas que sospechas que pueden estar reaccionado por motivos improductivos. A veces puede valer la pena tener una conversación, pero en un momento neutral, cuando las tensiones no son muy altas (no en medio de una discusión). Sin embargo, otras veces puede tener más sentido dejar que el tiempo pase antes de actuar. Puede ser que necesiten tiempo para adaptarse, de tal manera que los primeros intentos de comunicación sólo pueden dar lugar a las mismas reacciones rutinarias. Por último, si sientes que has hecho todo lo posible para llegar a una entendimiento, o que estás suficientemente seguro de tu postura, déjalo ir. Compartir la sangre o el tiempo con alguien no garantiza el apoyo incondicional, por mucho que nos gustase. Y si es necesario, puede significar tomar una decisión difícil – pero necesaria – de acabar la relación. Si alguien está claramente contra ti y te sigue haciendo daño, sin importar el tipo de relación, lo mejor es dejar que termine. 
  • Evalúa objetivamente cómo quieres tratar con el mundo externo. Es posible que hayan personas, que a pesar de no conocerte muy bien a ti o la situación, puedan ofrecer una visión útil. Ellos serán la minoría y sólo pueden ser de ayuda por haber experimentado algo similar, y así, capaces de aportar algo de valor. Si no estás seguro, reflexiona siempre para ver si lo que dicen refleja un deseo genuino de ayudar. Pero si ves que sus reacciones son puramente egoístas o destructivas en el fondo, ignóralos. La respuesta común a la impotencia, el miedo, la inseguridad y la ira es el juicio ciego. No tienen nada que ofrecerte, así que aléjate de ellos tanto como sea posible.

Al final, debes tener en cuenta el Efecto Foco. Se trata de una tendencia psicológica bien documentada en que todos solemos centrarnos demasiado en nosotros mismos, por lo tanto sobreestimamos el grado en que otros nos están prestando atención. Puedes entrar en una sala de extraños y pensar que todo el mundo te está mirando. Pero en realidad, la mayoría de ellos están demasiado centrados en si mismo, dando vueltas a su propias inseguridades y preocupaciones.

 

Así que la próxima vez que tengas miedo de lo que otros piensen sobre lo que haces, recuerda que tu vida es tuya y las herramientas para gestionarla están, finalmente, en tus manos. Si todo sale mal y es un drama por un momento, pasará porque nuestras mentes inquietas siempre están buscando el próximo desvío. Incluso tu mayor fracaso será noticia vieja en poco tiempo.

 

Así que ahora respira profundamente, y ve por ello.

 

Algunos recursos relevantes para inspirarte:

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